
La mayor parte de los museos de renombre del mundo exhibe solo una pequeña parcela de sus colecciones. En promedio, entre el 80% y el 90% de las piezas quedan guardadas en las reservas técnicas, espacios alejados de la mirada del público, donde ocurre una parte esencial de la actividad de las instituciones.
Los museos tienen la triple función de investigación, salvaguarda y comunicación de los acervos. Las exposiciones, cara pública de la actividad, son una de las formas más importantes de comunicación con los visitantes. Por ser visibles, divulgadas (y hoy, instagrameables), acaban confundiéndose con las propias instituciones.
Pero es en las reservas técnicas donde ocurren las otras dos puntas del trípode, las acciones de investigación y salvaguarda, que implican la higienización, la conservación, la restauración, la documentación y, en algunos casos, la digitalización de acervos.
En este post vamos a explicar cómo funciona una reserva técnica.
¿Qué hay dentro de las reservas técnicas?
Las reservas de buena calidad son lugares extremadamente organizados y cuentan con mobiliario específico para la guarda de los objetos de la colección. En museos de arte son comunes los peines o paneles deslizantes, una especie de armarios hechos de acero y mallas de alambre en un sistema corredero, como un gran cajonero vertical, que permite guardar telas y cuadros colgados.
También se usan planeros, cajoneros más parecidos a los tradicionales, pero para la guarda de papeles de grandes dimensiones, como grabados, dibujos y, como dice el nombre, mapas y cartas. Es posible adaptar planeros para la guarda de otros tipos de objetos, como textiles. Las esculturas de gran y pequeño porte, por su parte, pueden exigir la construcción de cajas o contenedores personalizados.
Por el gran volumen de piezas guardadas (en algunos casos, decenas de miles), sistematizar la información es esencial. Ya sea en archivos de papel o en formato digital, cada reserva técnica mantiene documentada la ubicación exacta de cada obra, con códigos que identifican el mobiliario y el objeto.
Así se evita una de las grandes pesadillas de una colección de gran porte: la disociación, término técnico que se refiere a la pérdida de los objetos o de la información relacionada con ellos.
¿Por qué los museos tienen muchas más obras de las que consiguen exponer?
Retomamos el inicio de este post: exponer es solo una de las funciones de un museo. Las instituciones tienen también entre sus misiones básicas la preservación y la investigación de acervos, actividades que en gran medida ocurren en las reservas técnicas. Por eso, además de la seguridad reforzada (incluso contra incendios), estos espacios tienen también condiciones ambientales controladas y rutinas rigurosas de higienización y prevención de plagas.
Además, es sobre todo a partir de sus reservas técnicas que los museos pueden ofrecer al público exposiciones temporales que plantean nuevas relaciones y miradas sobre la colección, contando, además, con préstamos de otras instituciones.
¿Dónde están las reservas técnicas?
Cuando el museo tiene espacio en su sede, la reserva técnica ocupa una o varias salas en zonas sin acceso del público. En general, son lugares con seguridad reforzada y a los que ni siquiera todos los empleados del museo tienen acceso. En realidad, solo entra en la reserva técnica quien realmente necesita estar en ella, en general, conservadores, curadores y documentalistas.
Algunas instituciones mantienen salas contiguas donde se recibe a especialistas visitantes para dar acceso a obras o documentos, que el equipo del museo retira de la reserva técnica y transporta hasta allí durante el tiempo que dure el trabajo. Después regresan a la reserva, sin que el visitante haya necesitado entrar en el recinto.
A medida que las colecciones crecen, el espacio va escaseando, y los museos acaban recurriendo a inmuebles externos o almacenes para ampliar sus reservas técnicas.
Clé Chenue y los museos brasileños
Como única reserva técnica privada de Brasil con estándar museológico de seguridad, control ambiental y confidencialidad, Clé Chenue do Brasil tiene como clientes a algunos de los museos brasileños más importantes, que mantienen espacios privativos para la guarda de parte de sus colecciones. Algunas instituciones usan también el recinto con doble altura para el almacenamiento de esculturas de grandes proporciones. Solo el personal autorizado puede entrar en cada espacio, que además tiene estructura para recibir a los equipos de conservadores y documentalistas para actividades de higienización y catalogación.
Tecnología al servicio de todos los clientes
Todos los clientes de Clé Chenue do Brasil cuentan con el mismo estándar de calidad puesto a disposición de los museos. Son 4.500 metros cuadrados de área de almacenamiento, 100% climatizada y con sistemas de seguridad y prevención de incendios 24×7. Al igual que los museos, el coleccionista particular también puede alquilar un recinto privativo a partir de 25 m² o, si lo prefiere, guardar sus obras en un área compartida, administrada por Clé Chenue.
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