
El mantenimiento de condiciones ambientales estables, como la temperatura y la humedad, es premisa fundamental para el adecuado funcionamiento de reservas técnicas destinadas a la guarda de obras de arte, objetos raros y productos que exigen una climatización rigurosa, como los vinos. Por ese motivo, tales espacios demandan inversiones significativas en sistemas de climatización con alto consumo energético.
Ante el escenario actual, en que la crisis climática global impone la necesidad de repensar el uso de los recursos naturales, se vuelve esencial priorizar la eficiencia energética, esto es, garantizar el mantenimiento de las condiciones ideales con el menor consumo posible de energía.
El desafío de mantener una reserva técnica propia
Además de contribuir a la sostenibilidad ambiental, la adopción de soluciones energéticamente eficientes proporciona una reducción directa de los costes operativos, sobre todo de energía eléctrica. Sin embargo, alcanzar ese equilibrio exige planificación técnica y una estructura física adecuadas. Aunque sigue siendo la solución más común, el uso de reservas técnicas propias por parte de coleccionistas y museos presenta desafíos difíciles de sortear.
Al fin y al cabo, no basta con instalar un aire acondicionado en la sala donde se guardará la colección. A diferencia de la climatización residencial, orientada mayoritariamente al control de la temperatura, la preservación de acervos culturales de excelencia exige foco en el control de la humedad relativa del aire, variable primordial para evitar el deterioro de los acervos como consecuencia de la proliferación de hongos y plagas.
"El control de humedad exige sistemas robustos, parecidos a los usados en centros de datos. Naturalmente, esta realidad solo tiene sentido cuando se climatizan grandes espacios, lo que hace que la inversión sea inviable para ambientes menores de mil metros cuadrados", explica Diogo Losito Mantovani, CEO de Clé Chenue do Brasil.
Por qué las reservas colectivas crecen en el mundo
En ese contexto, tiene más sentido el uso de estructuras compartidas, capaces de albergar sistemas de climatización avanzados y el aislamiento térmico que garantiza la eficiencia energética. "Este es el motivo por el cual las reservas técnicas colectivas están creciendo de forma vertiginosa a escala global. Cuando se piensa que la conservación es una necesidad permanente, no hay otro camino posible que el de usos colectivos que permitan la sostenibilidad en la conservación", complementa Mantovani.
Clé Chenue do Brasil dispone de infraestructura completa con sistemas de climatización y control de humedad en sus 5.500 metros cuadrados de área de almacenamiento, además de sistemas de prevención de incendios y seguridad patrimonial. La escala de la operación permite el máximo aprovechamiento de los recursos energéticos y técnicos, lo que se refleja en menores costes operativos para los clientes, en comparación con la implantación de sistemas propios.
"Ese formato de una reserva colectiva con espacios privativos y segregados para cada cliente nos permite tener lo mejor de los dos mundos: un sistema de climatización de vanguardia, eficiente y sostenible, sin perder privacidad y confidencialidad, condición esencial para la atención a los clientes", concluye.
El nuevo centro de conservación
Todos esos diferenciales se incorporarán al nuevo almacén actualmente en adaptación para ampliar el área de reserva técnica disponible. En el nuevo centro de conservación, los clientes podrán optar por espacios privativos a partir de 25 m² (y múltiplos de esa área), o por soluciones más flexibles, con almacenamiento compartido de pequeños acervos o piezas individuales, siempre con garantía de las condiciones climáticas ideales y eficiencia energética.
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